Joseba Sarrionandiaren elkarrizketa “Diagonal” egunkarian

2013, ekaina 11

Diagonal” hamabostekariaren 199. zenbakiko “Sarrionandia y el colonialismo” izenburupean elkarrizketa bat eta “Como moros en la niebla” liburuaren gaineko erreseina egin dute.

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Joseba Sarrionandia escritor, autor de ‘Como moros en la niebla’
“La paz supone la renuncia a imponer relaciones de poder”

El escritor Joseba Sarrionandia, que vive fuera del Estado español tras su huida de prisión, ha publicado su nuevo ensayo ‘Como moros en la niebla’.

Manuel Tabernas

El mismo año que Joseba Sarrionandia Uribelarrea ‘Sarri’ fue condenado por pertenencia a banda armada e ingresó en prisión (1980) también ganó tres premios de literatura. Uno de ellos por su primer libro publicado, un poemario titulado Izuen gordelekuetan barrena (A través de los escondites de los miedos), que tuvo una grandísima repercusión y que muchos escritores actuales han reconocido como profundamente inspirador. El primer poema de este libro, Bitakora kaiera (Cuaderno de bitácora), fue tomado a modo de manifiesto por toda una generación de poetas vascos.

La editorial Pamiela, de Iruña, ha publicado primero en catalán y muy recientemente en castellano el ensayo Moroak gara behelaino artean? (¿Somos moros entre la niebla?) un monumental ensayo de Sarrionandia sobre las miserias del colonialismo que se abre en múltiples direcciones y que, inevitablemente, desde el pasado nos invita a cuestionarnos el presente. Y, sobre todo, cuán partícipes, cómplices o no, somos de esta realidad. No habla de “oportunidades históricas” o de la pobre y sobada palabra “paz” pero nos cuenta las consecuencias del imperialismo español en el norte de Marruecos, la posterior insurrección fascista y el genocidio disfrazado de Guerra Civil. Un pasado que tampoco fue tan remoto. Una realidad que no nos es tan ajena.

Las lenguas son cadena pero también son libertad. ¿Se puede cambiar algo con las lenguas? ¿Son armas o vehículos de comunicación? ¿Para qué sirve en realidad una lengua?

Las lenguas vienen a ser muchas cosas distintas y se utilizan para todo y de cualquier manera, pero no hay que olvidar que son un bien formidable. Vivimos en una sociedad de consumo en que todos los bienes tienden a ser privados, perecederos, escasos y caros. La lengua, en cambio, es todavía un bien universal, duradero, inagotable y gratuito. En un tiempo de individualización radical, es incluso un bien comunitario que postula la solidaridad humana.

La lengua es todavía un bien universal, duradero, inagotable y gratuito
En el ensayo hablas del tesoro de Caramablú, en referencia al relato de Johannes Urzidil.

En este relato simbolista se habla del oro de Caramablú, que vendría a ser el oro de la lengua, un tesoro oculto, que brilla, sin embargo en los labios de los hablantes. Urzidil era un escritor de Praga, judío de lengua alemana, contemporáneo de Kafka, y escribió esa novela ambientada en el País Vasco francés mientras la Guerra Civil retumbaba al otro lado de la frontera. La lengua vasca en ese relato de Urzidil es un tesoro oculto amenazado por las relaciones de poder y la preponderancia de los Estados, pero todas las lenguas son formas de ese tesoro.

El libro se apoya en un impresionante estudio histórico y constituye un verdadero ensayo sobre cómo se construye y se impone, por la fuerza, una política. Parece que no ha cambiado mucho la cosa.

No parece que esté cambiando realmente el hecho de que el poder se le impone al ser humano. Cambian las formas, porque a veces es la mera coacción armada la que se establece, otras veces la religión o la ideología, otras la supremacía económica, pero generalmente se conciertan los diversos factores para quitarle al ser humano la posibilidad de ser libre y de construir un orden social más o menos adecuado para todos. La imposición viene escoltada, además, por la idea de que el estado de cosas establecido corresponde a lo natural y, por lo tanto, no hay alternativas.
La riqueza que hay en el mundo está muy mal distribuida, evidentemente. Pero además, estamos asistiendo a la disolución de la política, mediante unas estructuras de poder y hechos consumados que impiden que la gente se constituya en sujeto y sea capaz de construir su futuro de una manera deliberada.

En el discurso reaccionario, los moros, los inmigrantes, etc., son “los otros” por excelencia. En realidad sirven para no verse a sí mismo. Para no tener que ver… ¿qué? ¿Qué hay bajo esa otra construcción?

Es que es cómodo tener a los otros catalogados como sospechosos de maldad: a los pobres, negros, homosexuales, etc. Esa idea de la maldad por naturaleza que en las sociedades cristianas era representada por el demonio o los moros, y en las sociedades modernas toma la imagen del delincuente o del terrorista, ha sido siempre muy útil para ejercer el poder, porque es esa perversidad ajena la que legitima la supremacía de los “hombres de bien”, es decir, los “hombres de bienes”. La auto-justificación se formula en el sentido de que nosotros somos buenos de todas maneras, aunque hagamos maldades contra ellos, porque ellos son malos de por sí.

De hecho, en la sociedad actual se amplifica el miedo al ‘delincuente’ para implantar estados policiales sobre el conjunto de la sociedad. Se sobredimensiona el miedo a lo que se llama terrorismo para conquistar países enteros e implantar el dominio en zonas estratégicas.Se sobredimensiona el miedo a lo que se llama terrorismo para conquistar países enteros e implantar el dominio en zonas estratégicas

Dice Marcela Lagarde, feminista, antropóloga e investigadora mexicana, en un vídeo del Centro Internacional de Inno­vación en Políticas de Igualdad de Euskadi, que la paz es cuestionarte tu identidad. Parece que ese proceso se ha dado en Euskadi. ¿Y en el Estado español? ¿Qué debería cambiar?

La paz supone la renuncia a imponer relaciones de poder. Para convivir hay que reconocer al otro como sujeto que es capaz de autodefinirse y decidir lo que quiere. Uno tiene que cuestionarse su propia identidad, efectivamente, porque tu identidad no puede ser algo que pueda imponerse a los demás contra su voluntad.

En cuanto a la cuestión nacional, la sociedad española debería abandonar ese populismo franquistoide de imponer Espa­ña como “una e indivisible” y reconocer que corresponde a la gente construir el país que quiera. Quitarse de encima la monarquía, el ejército, la banca y todo ese inmenso paquete que cargan, mediante un poco de democracia republicana, les vendría muy bien a los propios españoles, así podrían ejercer el derecho a la autodeterminación.

Cuando en Como moros en la niebla hablas de la República independiente del Rif, de los intentos de negociación, de los ciclos de guerras… salvando las distancias, ¿se puede extrapolar a la situación actual? Quiero decir, ¿qué escenario nos encontraríamos si el gobierno español hace oídos sordos a lo que pasa?

Cuando redactaba el libro, leía viejas crónicas de la guerra del Rif y veía al mismo tiempo por la televisión las informaciones sobre la ocupación de Afganis­tán, la de Iraq o las intervenciones en Somalia, y esos dos planos histórico y presente eran sorprendentemente intercambiables.

Se repiten una y otra vez las mismas farsas y las mismas masacres históricas

Se repiten una y otra vez las mismas farsas y las mismas masacres históricas. Si lees el sexto capítulo de este ensayo, que gira en torno al padre Charles Foucauld y los tuaregs hacia 1916, estás averiguando lo que los franceses están haciendo en lo que va de año en Malí.

Así se reproducen los hechos como inhumana farsa, tal como testimonia la mejor literatura. Lees por ejemplo la novela Hadzi Murat de Lev Tolstoi, que refiere hechos de 1851 y 1852, pero pudieran suceder un siglo después o ahora mismo en la interminable guerra rusa contra Chechenia y el Daguestán.

Me parece que es ilustrativa la metáfora del cardo silvestre que Tolstoi, a pesar de ser miembro del ejército de ocupación en aquella guerra, concibió en relación a los chechenos. El cardo que no se deja arrancar de la tierra, aunque el carro del progreso lo aplaste y la mano rusa intente extirparlo de raíz. El cardo checheno será arrancado, y despedazado, pero no sin que esa mano que arranca el cardo sangre. Y quizás otro cardo surgirá de nuevo.

Hay una violencia ancestral que no ha sido reconocida nunca. Contra las mujeres, contra los opositores políticos… Parece que hay una fuerza reaccionaria que se niega a recordar. Que no quiere hablar de la guerra química del Rif, de los represaliados durante la guerra, de la existencia de torturas a día de hoy en el Estado español. Aquel mundo de entonces es sospechosamente parecido al de ahora. ¿Cuál es el castigo por decir? ¿Cuál es nuestro papel en todo eso?

La memoria histórica que se promueve oficialmente, igual que la información que se despliega sobre la actualidad desde los grandes medios, es muy parcial y establecida. Además, se nos da a entender que son hechos consumados, sin vuelta atrás, que aquellos del pasado no somos nosotros y que la actualidad es azarosa y casual. En realidad, las estructuras económicas y sociopolíticas no tienen nada de azarosas y casuales. Ni el capital internacional, ni las fuerzas armadas, ni la propiedad de los medios de comunicación, ni el hábito de torturar en las comisarías en España son fortuitos. Como decía Augusto Roa Bastos, existe el azar porque existe el olvido.

Hay una memoria de los vencedores y otra de los vencidos. O sea, que nuestros recuerdos son bastante diferentes a los que vemos en la televisión y se trata de que esas otras verdades se reconozcan también.

Hay muy pocas y malas traducciones tanto de tus obras como de otros autores vascos. ¿Se nota cierto “deshielo” en este sentido? ¿Hay mercado para estas traducciones?

Este libro se ha publicado en español gracias a un esfuerzo editorial considerable. No sé si hay ‘mercado’ para los autores vascos en España, pero yo creo que la literatura vasca en España funciona con el perfil de reserva india tanto como con el de mercado. Se trata de que ahí dentro hagan más o menos lo que quieran, pero que no se salgan demasiado de esa cerca, y que todo sea al parecer políticamente correcto. Las mejores novelas vascas, las de Bernardo Atxaga y Ramón Saizarbitoria por ejemplo, se traducen al español casi inmediatamente, se conceden premios estatales a obras vascas puntualmente acaso por paridad, y es posible que esto se ‘normalice’ o, tal como dices, se ‘deshiele’ más. Hasta a los viejos rebeldes los podrían promocionar como al indio Gerónimo lo mostraron una vez vencido, vestido como lo quisieran ver, en la Exposición Internacional de Saint-Louis en un espectáculo sobre el Salvaje Oeste.

Me parece que, al margen del folclore apache en los EE UU o de la publicación de literatura vasca en España, no puede dejar de apuntarse la cuestión de la libertad política. La libertad política es el derecho a ejercer la propia voluntad individual y colectivamente. Los que nos proponemos una comunidad vasca con sus verdades y su pluralismo, tenemos la obligación de traducir y explicar todo ese proyecto alternativo a los españoles, aun suscitando su reacción, porque nuestra libertad política está ligada a la de ellos.

Yahoo fuera del bafle

En 1985, escondiéndose en sendos bafles tras un concierto del cantante Imanol Larzabal, Joseba Sarrionandia se evadió de la la prisión de Martutene junto a otro preso. La fuga inspiró la famosa canción Sarri, Sarri del grupo vasco Kortatu. Varias decenas de poemas suyos han sido convertidos en canciones desde hace más de 20 años por grupos de todos los estilos. Desde Mikel Laboa a bandas de rock. Algunas de estos temas que versionan sus poemas se reunieron, junto a la voz del escritor, en el disco-libro Hau da ene ondasun guzia (Esta es toda mi hacienda) coeditado por Esan Ozenki y Txalaparta en 1999.

Desde aquella evasión está en paradero desconocido. Aunque esto no es impedimento para que siga escribiendo y publicando –y recibiendo premios– por numerosos libros de poesía, ensayos, cuentos y novelas. En euskera. Porque en castellano, aunque hay algunas pocas traducciones dignas de tal nombre, está practicamente impublicado. Por razones obvias que van más allá de la indudable calidad literaria. Porque Sarrionandia, además de trabajar los estilos literarios “clásicos”, gusta de experimentar y de construir obras híbridas de una gran fuerza simbólica y llena de ricas imágenes donde se mezclan geografías que, como incansable viajero, va visitando con leyendas y relatos tradicionales y fantásticos como en Ni ez naiz hemengoa (Yo no soy de aquí), Marginalia, Ez gara geure baitakoak (No somos de nosotros mismos) y Han izanik hona naiz (De allí mismo vengo). Todos sus textos tienen más de una lectura, se sobreponen a veces unas sobre otras. Es la persona que lea sus textos la que tiene que interpretarlos, visitarlos una y otra vez, dejarse interpelar, responder a veces…

Aunque los delitos por los que fue condenado hayan prescrito y no tiene ninguna causa pendiente con la “justicia” no tiene intención alguna de volver. Lo canta en Hnuy illa nyha majah yahoo, donde afirma que siempre seremos unos exiliados, que el regreso a casa es absolutamente imposible, pues la casa, la patria, tal y como la conocimos, tal y como la deseamos, no existe. Ulises sigue su viaje. Puede que nunca llegue a terminar. El retorno parece imposible para un poeta que no duda en afirmar que la poesía verdadera es posible y que, pese a todo, también existe lo que no existe, pues casi todos los quehaceres los tenemos por hacer y los poemas más perfectos están por escribir (“egiteko gehienak egiteke/ ditugu./ Poemarik behinenak izkiriatzeke/ daude…/ Ez diren gauzak ere/ badira”).

Sombras sin luces

Con ‘Como moros en la niebla’, de Joseba Sarrionandia, la editorial Pamiela nos trae las miserias del colonialismo español en Marruecos en el siglo XX.

Manuel Tabernas

El colonialismo español en el Rif comenzó en los años 20.

No nos engañemos, Como moros en la niebla es en realidad una puerta abierta, una invitación a entrar en otros mundos. En primer lugar, para situarnos, en la kasbah de Tánger; después, en una historia desconocida que nos han ocultado como si hubiera pasado hace siglos: la de los afanes y crímenes del colonialismo en general y del español en particular. Un imperialismo sucio y cruel, un discurso necio y descalificador. Muy cutre. Muy olvidado.

Gramática

Uno de los muchos libros que contiene esta obra empieza en 1865 con un franciscano vasco que recibe la orden de redactar una gramática de la lengua amazigh. No es un encargo gratuito. Detrás está el afán de la Iglesia de apoyar el colonialismo del que es vanguardia. Iglesia y ejército son considerados por los habitantes del Rif como dos alas del mismo buitre. La idea era entonces una penetración suave, pa­ternal; casi condescendiente. Des­de la superioridad. Apren­der la lengua local era un requisito, un gesto más bien; el objetivo era que los nuevos señores “civilizadores” y los nuevos súbditos hablaran la misma lengua, pero para ello había que hacer “concesiones” con la lengua vernácula primero. Detrás ya vendrían los comerciantes. Y los soldados. Esta labor ya la cumplió el clero con creces en América Latina y en tantos otros lugares.

La gramática que escribe este cura –y que se sigue usando hoy en día– estaba basada, como tantas otras obras “desinteresadas” de la Iglesia, en la que ya escribió Nebrija en el XVI y en cuyo prólogo comenta que la lengua siempre va acompañando al imperio. Mientras el franciscano va redactando esta obra se va metiendo en la vida del pueblo que habita aquel pedazo de tierra que España reclama para sí. Y, quizás para justificarse a sí mismo, despliega un discurso colonial que explica la conquista de aquellos territorios. Discurso análogo en términos y fondo al inglés, francés y alemán de la época: que los pueblos que habitaban aquellos territorios eran infantiles, irresponsables, sucios y desorganizados; que les hacían un favor enorme llevándoles la civilización y, de paso, las ventajas –para las potencias sobre todo– del capitalismo. Por delante iban los curas y los militares, claro está. Alternando la mano blanda con el uso indiscriminado de los cañones.

Historia de la colonia

Otro libro dentro de éste acompaña al anterior, el que empieza con el tratado de Algeciras; en que Francia e Inglaterra pactan repartirse África con tiralíneas. A España le toca el papel de bisagra entre las dos potencias en el norte de Marruecos. Un escarpado y montañoso terruño donde los militares campan por sus respetos. Con su prepotencia hacen que la gente de las cabilas se subleve y con la excusa de la ingobernabilidad aumenta el número de tropas y de represión. El ciclo de provocaciones, alzamientos, masacres y aumento de efectivos y de gasto militar se sucede sin fin. La corrupción es generalizada. El Ejército español tras su papelón en las guerras coloniales de América no tiene capacidad para ganar ni ésta ni ninguna guerra salvo si es de represión sobre la población civil tanto en Marruecos como en la Península ya que, cada vez más, aumenta el rechazo a ir a la sangría permanente de la guerra colonial.

La tropa del ejército colonial la forman básicamente gente pobre y sin formación. Los ricos se libran del servicio militar pagando una dispensa o presentando a alguien en su lugar. Miles de soldados arrancados de sus pueblos y aldeas son llevados al norte de África, mal entrenados, mal pertrechados y sin saber muy bien qué están haciendo allí, son masacrados o masacran. Los altos mandos militares y los oligarcas que se apropian de las pocas riquezas de la colonia (Minas del Rif de las que es accionista el rey Alfonso XIII, fosfatos, etc.) no quieren que termine la guerra porque es su forma de hacer negocio. Arturo Barea, en su fabuloso libro La forja de un rebelde, habla de la cueva de ladrones que era la colonia española de Marruecos.

La República del Rif

El hilo narrativo pasa del franciscano vasco al misionero francés Foucauld y su deseo de evangelizar a los bárbaros porque creía íntimamente que eso era lo mejor para ellos. La aventura termina con la muerte del misionero, lo cual justifica la intervención francesa a gran escala. De la invasión suave, de conocer poco a poco a quién hay que controlar, se pasa al uso de la fuerza militar indiscriminadamente y sin piedad.
Aquí empieza la historia de Abd el-Krim y la mayor de las sublevaciones del Rif que lleva a la independencia temporal del territorio, tras varias sonoras y sangrientas derrotas del Ejército español. Este territorio conocido a partir de entonces como la República Indepen­diente del Rif, recibe muchas adhesiones no sólo de otros países sino desde dentro de la propia España y de mucha gente que está cansada del ciclo eterno de revueltas en Marrue­cos que son masacradas y de sublevaciones en España para no ir a Marruecos (Semana Trágica, Sucesos de Málaga, etc.) que son igualmente reprimidas de forma cada vez más sangrienta. Gobierno tras gobierno no dan señal de querer acabar con lo que cada vez más claramente se ve como los intereses de los ricos que no van a ir a luchar allá. Socialistas, anarquistas, catalanistas e independentistas vascos aplauden a los rifeños sublevados. Y esto, a ojos del Ejército, les convierte en traidores y enemigos de España. Esta tensión interna explica en gran medida lo que sucedió después.

Errores del pasado

Hay un paralelismo entre la Repú­blica del Rif con Euskadi, que no interesa que exista ni a España ni a Francia. Insinuado pero evidente. Como el que se establece con la independencia de Cuba pretendida por Martí: la gente tiene derecho a gobernarse y garantizarse a sí misma sus derechos.
Antes de la insurrección, Abd el-Krim ofrece a España la posibilidad de un tutelaje y colaboración en cualquier forma excepto la ocupación. Modernizar Ma­rrue­­cos, pero gobernándose ellos mismos. Pero España prefiere pactar con el sultán de Marrue­cos, gobernador títere de los intereses franceses, y seguir la aventura militar. En Annual en 1921, miles de soldados españoles son sacrificados por la incapacidad del Ejército. Habrán de esperar seis años y la ayuda del Ejército francés para acabar con el sueño de la República Inde­pendiente del Rif.

Apología

Libro de muchas lecturas, hay que leerlo por tanto poco a poco. Una de sus lecturas, quizás la más potente, es establecer paralelismos a veces meridianamente claros con el presente. Porque mucho de lo que cuenta Sarrionandia del pasado, incluido el tratamiento de los rotativos de entonces sobre la guerra imperialista, se parece mucho al presente y nos conmina a que juzguemos nuestro papel en el colonialismo y en la formación de los Estados. Pues somos cómplices de ellos en la medida que no lo conozcamos y denunciemos.
Los imperios, los Estados capitalistas, parecen estar siempre sordos y cometer una y otra vez los mismos sangrientos errores. ¿O es que no son errores para ellos sino su manera normal de actuar? Aquí cabe preguntarse entonces ¿a quién interesa, en realidad, que se sigan cometiendo? ¿De qué hablan cuando hablan de democracia?

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