Mikel Antza, “En país extraño”

2019, uztaila 9

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Anhelos y esperanzas de un escritor en la clandestinidad

La publicación en castellano de esta novela, escrita inicialmente en euskera, coincide en el tiempo con la puesta en libertad de su autor. Mikel Antza nos descubre las reflexiones, las esperanzas y los anhelos de un escritor que una vez huyó y desde entonces vive en un eterno camino de vuelta.

SINOPSIS

Una brillante promesa de la cultura vasca tiene que huir tras ayudar a dos presos políticos vascos a escapar de prisión, y desde entonces vive en el exilio, alejado de su entorno y acechado por un mar de dudas. ¿Cómo seguir escribiendo desde el epicentro de una guerra? ¿Qué esperar y cómo afrontar la vida en clandestinidad? ¿Podrá alguna vez salir de ese silencio que lo engulle y retomar la escritura que tanto anhela? En esta novela llena de elipsis, el escritor, exiliado primero, comprometido en la lucha por la liberación de su país después y encarcelado como consecuencia de ello, reflexiona en una celda de castigo sobre su condición presente y su incierto futuro, y el exilio se nos presenta como un destierro interior más que geográfico.

Mikel Antza ya no está en país extraño y, como herramienta de lucha, ya no tiene que elegir entre la pluma y la espada. Esta novela
escrita en prisión nos muestra que, a veces, la pulsión literaria pue-
de ser lo suficientemente fuerte como para dejar su huella escrita.

Mikel Albisu Iriarte, Mikel Antza

(Donostia, 1961). Publicó su primer cuento –bajo seudónimo– en el primer número de la revista literaria Susa en 1979. Posteriormente fue colaborador habitual del semanario Argia, donde fue responsable de la sección de teatro. Antes de que su trayectoria política se entrecruzara con la literaria, publicó una obra de teatro (Beteluko balnearioko mirakulua, escrita junto con Iñaki Uria para que fuera representada por la compañía Branka) y textos narrativos (Lehen bilduma 82-84 y Odolaren usaina). Durante su estancia en la cárcel ha escrito la obra de teatro (2013), el libro de poesía Ametsak ere zain (Susa, 2015) y sus tres últimas obras en prosa: Ospitalekoak (Susa, 2010), Bakarmortuko kronikak (Ataramiñe, 2011) y Atzerri (Susa, 2012), novela que Txalaparta publica ahora en castellano.

MIKEL ANTZA

«La pulsión de escribir me sigue habitando»

¿Qué te llevó a escribir Atzerri, en primer lugar?

Un impulso, la necesidad de rememorar el proceso por el que dejé de hacer literatura.

Al parecer, fue esta cita de Iban Zaldua la que lo motivó: «¿Hasta qué punto sería distinto hoy en día el mundo de las letras vascas si Joseba Sarrionandia no hubiera huido de Martutene y si Mikel Antza no hubiera tenido que pasar a la clandestinidad?».

Lo cierto es que en el libro no se menciona al autor de la cita, porque lo importante es lo que se transmite en ella. La cita fue clave para dar forma a Atzerri. El libro es una recopilación de narraciones que se estructuran gracias a, o con la excusa de, esa pregunta.

El protagonista, tu alter ego, cuenta cómo dejó de lado la producción cultural vasca de los años ochenta («brillantes porvenires») para exiliarse y unirse a otra lucha. ¿Tal vez la vivía como misma?

No, la pulsión que siente por la literatura es una fuerza que se le va agotando, y creo que así se recoge en el libro. En mi caso fue la lucha, pero puede considerarse como una metáfora de lo que vive cualquier escritor que se ve obligado a dedicarse a otros menesteres, sea para convertirse en conductor de autobuses, al oficio de carnicero, a profesor de literatura o cuando cualquier otra razón le empuja poco a poco a alejarse de eso que quisiera hacer.

Pareciera que no ibas a volver a escribir…

Sí, llega un momento en el que el escritor se evapora. Me interesaba rememorar cómo mi alter ego dejó de escribir, cuando escribir era lo que más anhelaba.

…pero aquí estás. ¿Dirías que ha merecido la pena el parón y la vuelta a la escritura?

No lo veo así, la vida te lleva por unos derroteros concretos y, al parecer, en mi caso, la pasión por escribir literatura era lo suficientemente fuerte como para hacerme volver. Escribir es algo muy concreto que se materializa en el papel; hoy llamamos escribir al hecho de publicar pero, a mi entender, existe otra forma de escribir, es mental, es la manera de aprehender la vida, y en mi caso nunca he dejado de escribir literatura: mis ojos de escritor han seguido mirando la realidad de una manera literaria.

¿Cómo te posicionas frente a ese alter ego?

Podría hablar de dos fases. Por una parte, está el narrador que posee una mirada irónica hacia el periplo de su alter ego, esa joven promesa, ese Mikel Antza que poco a poco se va evaporando de la literatura, que lo observa con una mirada retrospectiva, con la ventaja que da la experiencia y con una cierta distancia. Y, en un segundo tiempo, mi mirada de hoy en día, que me hace ver al narrador con cierta distancia.

¿Sientes la misma distancia con otros libros (Ospitalekoak, Bakarmortuko kronikak…)?

No, la cuestión es que Atzerri se ha traducido al castellano, y a la distancia temporal se le suma la idiomática. Además, en estos años ha habido grandes cambios, no solo ha cambiado el entorno, también he cambiado yo.

¿Cómo te hace sentir verla ahora en castellano?

Tengo sentimientos contradictorios; se me hace extraña, se me hace difícil identificarme con la voz del narrador, pero sigue siendo algo que yo escribí, es parte de mí. Por otra parte, el euskera era una protección, de alguna manera una protección ante intereses no literarios.

Al hilo del idioma empleado, en la entrevista que te hizo Xabier Montoia cuando se publicó Atzerri, leemos que aportas claves difíciles de entender para otra comunidad que no sea la vasca. ¿Cómo ha influido eso en la traducción?

Pensaba que era una novela imposible de traducir; no solo a nivel idiomático, sino porque alguien ajeno a la cultura vasca no podría entender muchas de las claves culturales que aparecen en Atzerri. Y así es; se entenderá de otra manera. De todas formas, En país extraño es otro libro, no es Atzerri.

En eso discrepo.

No lo digo porque sea una traducción. Hablo de mi percepción actual, de la distancia que he mencionado antes. No lo he comprobado, pero puede que también me resultara extraño si lo leyera hoy en euskera.

Ya no estás en país extraño.

Ahora no. La propuesta de traducirla vino cuando estaba en la cárcel, pero se publica ahora que estoy de vuelta en Euskal Herria.

Hemos leído que la escritura te ha ayudado en prisión, por los años que te tuvieron en aislamiento. Ahora que has recuperado la libertad, ¿sientes la misma pulsión hacia la escritura?

Siempre, sí. La cárcel es un universo muy restringido, triste, monótono; ello te empuja a trabajar la imaginación, a tratar de crear mundos e historias ficticias. El mundo exterior es tan rico comparado con la cárcel, hay tantos estímulos, que veo situaciones literarias por todas partes. Esa pulsión de escribir me sigue habitando.
Pero, para escribir, hay que ponerse a escribir; coger papel, bolígrafo u ordenador y ponerse a llo. Y eso es igual en la cárcel que en el exterior.

¿Tienes intención de adentrarte en la cultura vascaahora que el exilio ya no es una opción?

Sí, por qué no. Es una opción que veo plausible, pero que tendrá que concretarse. Como le sucede a mi alter ego de Atzerri, a veces hay que optar:encerrarse para escribir o abrir los brazos a la vida tal y como viene y vivir.

Será compatible, espero.

Sí, pero hace falta mucha comprensión por parte de la gente que nos quiere.

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