Alfonso Etxegarai Atxirika, ‘Iemenia’
2026, 9 apirila

IEMENIA
Alfonso Etxegarai
Ataramiñe, 2026
15cmx21cm
157 orr.
AZALEKO IRUDIA:
Pette Etxebarria
HITZAURREA:
Kristiane Etxaluz
BABESLEA:
Olaso Dorrea
En la época de la desaparición de ETA…
Un caserío mágico que pudiera haber existido entre Euskal Herria norte y Euskal Herria sur, llamado Iemenia. Frente a él, por increíble que parezca, una higuera que habla. Entre sus gruesas paredes habitan fantasmas junto a residuos de tiempos anteriores, así como historias de militantes náufragos del conflicto armado. Todo inspirado en la idea de Albert Camus sobre el absurdo. Por momentos uno o una no saben si están en una ficción o en algo real, pero les entra la curiosidad de saber lo que van a encontrar, si se citarán o no el gudari “etarra bueno” y el general “guardia civil bueno”…
La ficción, rodeada de secretos, es una forma de contar, como también lo es en los versos anónimos de “Iemeniako balada”.Versos descubiertos en una hoja manuscrita, entre los libros polvorientos de las estanterías del caserío.
EGILEAREN BESTE LIBURUAK:
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Txalaparta, 1995
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Hitzezko txalupak
Euskal Herria-Sao Tome gutunak 2010-2011
Elkar, 2011
→ La guerra del 58 | 58ko gerra | La guerre du 58
Txalaparta, 2017 | Maiatz, 2018 | Maiatz, 2018
→ La muga
Txalaparta, 2021
HITZAURREA
DE BERETERRETXEN KHANTORIA A IEMENIAKO BALADA
La canción sobre la historia de Bereterretxe, clasificada como la más antigua conservada del repertorio euskaldun, cuenta seis siglos más tarde los hechos que envolvieron su muerte y el enigma que plantea sigue palpitando como en el momento de su creación. Es verdad que, al oír la canción, a una le sigue sorprendiendo el modo de contar: “Haltzak ez du bihotzik, ez eta gaztainberak hezurrik, ez nuen uste erraiten zutela aitunen semek gezurrik”. ¿Qué tiene que ver “el fresno no tiene corazón, ni hueso el requesón” con “no creía que los hijos de señores pudiesen decir mentiras?”.
¿Será esta forma de mantener el suspense (dar vueltas alrededor de la marmita) la que explica que la canción siga teniendo fieles todavía? ¿Será su melodía gregoriana? ¿Será que en el imaginario colectivo sigue vivo el crimen perpetrado en Basaburu, probablemente en el caserío Ezpeldoi de Etxebar (Xiberua), mandado por el chatelain (capitán) de Maule al servicio del reino de Inglaterra. La tragedia aumenta con la madre courage del supuesto traidor reclamando su hijo a las autoridades, a la que le envían de un sitio para otro sin decirle el paradero de Bereterretxe.
Otra interpretación del enigma es un intríngulis de enamoramientos y el derecho de pernada que tenían los nobles, pero, en este caso, en vez de explicarlo con hechos se justifica el destino mortal de Bereterretxe. Es este tipo de interpretación la que reúne a la mayoría de los creyentes y practicantes de dicha canción.
El enigma de Bereterretxe khantoria cuesta menos explicarlo en clave de amor que entenderlo bajo las tramas históricas en una época en la que bandos armados ajustaban cuentas con presuntos traidores por pasar de alineados con los Luxe a simpatizantes de los Grammont, o viceversa, movimientos que fueron una de las causas del fracaso del reino de Navarra.
Lo mas interesante de la ignorancia en la cual estamos sumergidos es justamente la falta de archivos confiables, sobre todo en Iparralde (es curioso constatar la facilidad con la cual se queman los archivos departamentales después de que la mayoría de los ayuntamientos se los hayan confiado).
Esta canción de 1440 alude también a las relaciones de Xiberua con el reino de Navarra, cuyo trono estaba ocupado por Carlos lll de la dinastía de Evreux. Éste teje relaciones con el capitán de Maule, De Beaumont, normando enviado por el rey de Inglaterra y, también, Conde de Lerín nombrado por Carlos III de Navarra. La enemistad entre los partisanos de Beaumont y los de Grammont (del castillo de Bidaxune) está consumida. La perversidad entre Garamonteses y Beaumonteses llegará hasta el punto de que los navarros abandonen la defensa de su territorio. El reino de Navarra con su corte de Olite toca a su fin. Estamos a principios del siglo XVI. Para nosotros es la fecha que marca el final del Estado Vasco entero, aunque no se exprese en euskera en sus actas oficiales. Sus residuos cubren los territorios de Baxe Nafarroa, Béarn y Foix, con capital en Pau, y van a desaparecer con la Revolución Francesa.
Si contásemos nuestra historia más reciente a través de una agenda de canciones populares, constataríamos que la novedad llegó, a partir de 1960, con el grupo Ez dok amairu (Oye tú, no hay trece) y con la corriente del rock vasco. Con la aparición de la lucha armada como tela de fondo. Con estatutos de autonomía en las 3 provincias vascongadas y la comunidad foral o un régimen especial para Iparralde (Euskal Elkargoa). La creación y el consumo activo o pasivo de músicas populares es enorme, si se mide a escala de la población indígena. Diminuta a escala del mercado global.
Este libreko -así lo presenta su autor- se sitúa en esta parte de la historia de nuestro pueblo, de sus instituciones y de sus habilidades para guardar el fuego encendido en los hogares culturales. Lo que, traducido en estimación cuantitativa, significa: pocas páginas en cuanto al producto libro, débil incidencia en el mercado del sector cultural e insignificante soberanía en cuanto a las instituciones administrativas para que se reconozca lo suyo propio. Y yo, compañera de dicho autor, no me corto si se me pide darle una definición cualitativa e histórica: forma parte de la canción de gestas. Y no es un azar, ni una casualidad que las reflexiones que se pasean por este libreko se refieran a historias épicas cuya divulgación arrancó con la canción de Roland. Según los Vascos, sean euskeldun o no, a Roland lo mataron nuestros ancestros, allí en el siglo VIII, en las pendientes de Ibañeta, sin que estén nombrados como tales, o sea como Vascos. En esta leyenda, definida a veces como acte fondateur des États modernes, los buenos, o sea Charlemagne y sus tropas, se enfrentan con los malos sarracenos y así pierden a su héroe, Roland.
¿Puede también interpretarse como un signo premonitorio?
Entraríamos en una época donde lo que fue derrumbado con la victoria de los Vascos sobre los monarcas europeos podría reconstruirse sobre la base no victoriosa –en términos militares- de los Vascos tratando de reconquistar su independencia?
Aunque no parezca que actualmente, final del 2025, la tendencia dominante vaya en este sentido, no está prohibido vislumbrar un futuro completamente divergente de las tendencias dominantes, por puro hartazgo de los súbditos y porque pronto se va a notar universalmente que el ejercicio del poder político, tal como es hoy, consiste en engañar a las masas para provecho de los mandamases. Por lo menos esa es la hipótesis que prefiero adoptar, aunque gane probabilidades de éxito la amenaza de borreguismo de las súbditas y súbditos tras un caudillo carismático que las conduce al abismo. La tendencia dominante, de concretizarse, sería tan grave que darle previsibilidad me quita la energía necesaria para adaptarme a todo lo posible. Por lo tanto, aurrera bolie o aintzina kurri.
Y así llegamos al epílogo. Cierra esa larga decena de siglos donde la épica da ritmo a las vidas dominadas por el placer de vivir alternándose con esperanzas de mañanas mejores. Con amor y con rabia. Con alegría y con pena. Con prudencia y con aventura. Con dedicación y con egoísmo. Con ganas y con dudas. Llegar al epílogo no sin antes arriesgar a perderse en el laberinto donde los protagonistas de Iemenia buscan su camino de gudari sobreviviente, después del final de una guerra en la cual han tomado parte.
“Este manuscrito que tengo entre manos”, dice el autor, “está escrito 7 años y algunos meses después de que ETA anunciara la entrega de todas sus armas y desapareciera. Se puede interpretar ese acto solemne de ETA de diversas formas, entre ellas, por ejemplo, como cumplimiento unilateral a un ofrecimiento del Estado español que decía que calladas las armas todo sería posible. Ahora, vista la situación, está claro que tras esa propuesta no había más que el dicho en sí. Entre las fuerzas políticas, policiales y judiciales españolas no terminan de aclararse si cambian o no su relación de fuerza contra los Vascos para dominarlos o toman la senda del diálogo y respeto político”.
Un fin de guerra muy próximo a una derrota en la medida en que no hubo acto oficial entre los hasta entonces enemigos, no obstante considerado como una salida digna. ¿Será lo que justifica el papel que adopta el autor?
“Yo soy un gudari náufrago”.
¿Qué quiere decir al evocar un gudari náufrago?
“Yo mismo no lo sé. En eso me hubiera podido parecer al personaje del libro, Jon Jimenez Indio, un camarada de comando de Ander Bilbao que decide vivir clandestino o sin papeles toda su vida, también después de haber desaparecido ETA, cuando todos los ex-militantes están volviendo a casa porque han cumplido sus condenas o han sido archivados sus casos. Pero también me parezco al otro personaje, Ander Bilbao Txepetx, porque, como él, paso ya de explicar que no soy un terrorista”.
Piensa que calificarnos de terroristas o pueblo degenerado no es más que una manifestación inquisitoria del franquismo. Así, Ander Bilbao renueva su DNI español y da por finalizado el enfrentamiento armado. Cuando sale de la cárcel, por pura casualidad, se enreda en un juego al que su esposa Maite llama película mala. Parece algo ridículo, sobre todo porque más que el objetivo final su proyecto es hacer un camino para combatir la diabolización de los vascos. La trama que monta puede ser ridícula o inverosímil, pero no un absurdo.
En el imaginario colectivo, donde anida la canción de Bereterretxe, la melodía llama a nuestra ventana cuando ve una luz encendida. Entonces aparece nuestro amigo: el poeta anónimo de Iemeniako balada. Él sigue cumpliendo el papel de sus antecesores, los poetas anónimos, y nos regala su palabra pase. ¿Son absurdos sus versos? ¿Porqué no podrían ser absurdos si son la mejor manera de hacer circular la información para los que aceptan comprender, aunque parezca reservada a los iniciados? Jugando en el patio de la leyenda, después de haberlo olvidado casi todo, de lo verdadero y de lo justo, en el poema anónimo se produce mágicamente lo común y la complicidad.
Kristiane Etxaluz































































































